lunes, 27 de enero de 2014

Un acto revolucionario

Sus sabias arrugas enmarcan una mirada profunda. Una de esas sinceras, que huelen lo escondido a base de sumar experiencia. Respira tranquilo, concentrado en lo que sucede por la ventana. Un niño se divierte cerca y, al verle tan entregado en su juego, recuerda. Recuerda cuando una cara alegre le sacó al instante -sin ninguna razón, como un acto reflejo- una sonrisa. Recuerda cómo sin entenderlo descubrió la felicidad, que no encontraba en ningún sitio, en ver alegre a un desconocido. Recuerda cómo desde ese día dejó de mirarse en el espejo (en tantos espejos) para verse reflejado en los ojos del otro. Desde ese día sus oídos se llenan de historias, de las que se cuentan y de las que no hace falta relatar, sus manos de manos grandes y pequeñas, de cualquier tonalidad; su cuerpo de heridas que le enseñan a vivir y a cuidar las mismas heridas en otras personas; su boca se llenó de palabras, ni muchas ni pocas, las necesarias para transmitir la paz que desde entonces le llena el corazón.
Sus labios no han parado de despertar inconscientemente nuevas sonrisas, cómplices de una historia que crece cada vez que se encuentran dos personas valientes.







viernes, 24 de enero de 2014

Hagámonos los locos

Llueve. Camino con cuidado para evitar resbalarme a la vez que aprieto el paso. Ya estoy llegando. Levanto la vista y nuestras miradas se cruzan. Tu cara me suena. Parece que tú también me has reconocido. Es lo que tiene el barrio, el colegio, la ciudad: tarde o temprano te encuentras con rostros conocidos. Casi he recorrido la mitad de la calle. Estamos a un par de pasos, misma dirección, sentidos contrarios. Bajas la vista al suelo. Reacciono mirando al frente. Es la extraña forma de saludar que tenemos algunos de los que vivimos en este siglo del progreso.



miércoles, 22 de enero de 2014

Desempolvando el pasado

Hoy he abierto el de baúl los recuerdos. Los he ido liberando poco a poco, sin prisa, saboreando toda la impresión que produce rebuscar entre tantas cosas con demasiado polvo acumulado. El pasado es muy grande, por eso es fácil que los recuerdos se escondan. Sin embargo, hoy he encontrado todo lo que -sin saberlo- necesitaba. Entre muñecos de porcelana y trapos bordados he hallado el detalle y cariño con el que en su día estuvieron envueltos regalos para una niña de cabellos de oro. Entre cajitas y viejos papeles de infantil caligrafía he recordado la forma de ver el mundo de aquella cuyo mirar era, y sigue siendo, del color de la miel. Observando esos guantes tejidos por el tiempo me ha asombrado descubrir todo lo que ha crecido el árbol genealógico del que cuelgan. También he dado con alguna que otra foto que demuestra que la niña del sol y la sonrisa, la que siempre se ha mecido entre las olas,  sigue creciendo entre esos pasos de amor y un corazón florecido. 
Y entre bocetos y dibujos he leído otra vez esos versos, esos que cada diciembre echaré de menos. Las estrofas que me acompañan desde mucho antes de mis primeros recuerdos y que año a año han sido testigos del cariño y afecto entre un abuelo y su nieta.
No sé si es verdad eso de "enfebrecida de versos tu equipaje es poesía", ni eso de que mis raíces "hicieron vocación de cortesía la expresión del sentimiento". Lo que sé es que no dejaré pasar desapercibidas esas palabras que no logré entender en su momento y que ahora cobran fuerza. 
"Si por error o barrunta
hirviera acaso en tus manos 
un concepto verseado 
que esboza luz de mi faro, 
no des pie a su repulsa"
Desempolvando el pasado he encontrado a esa niña de cabellos de oro, con el mirar del color de la miel, de sol, canto y sonrisa, la que lleva el mar en la sangre, la que ya no escuchará más su propia descripción recitada en boca y desde el corazón del poeta. Pero aún así sé que podré oír los versos que le cantaba al alba cada día. Sé que me susurrará esos versos que por error o barrunta hierven entre mis manos, o por lo menos sé que yo los susurraré.


domingo, 5 de enero de 2014

Rompamos las cadenas

Rompamos las cadenas que nos atrapan 
esas que discretamente nos rodean, 
que, eslabón a eslabón, nunca cesan 
de tener nuestra imaginación anclada. 

Rompamos las cadenas que nos atrapan, 
aquellas que con cada miedo ciegan 
los auténticos deseos con los que sueña, 
cada alborada madrugada, el alma.  

Rompamos las cadenas que nos atrapan, 
las que nos esclavizan y nos pesan, 
las que en nosotros mismos nos encierran, 
las que nos excusan de hacer lo que hace falta.  

Rompamos las cadenas que nos atrapan,  
que nos provocan soledad en una escena: 
cada individuo forma una multitud dispersa, 
no puede ver a tantos que a su lado avanzan.  


Rompamos las cadenas que nos atrapan, 
las tuya, las mías, las de él y ella, las nuestras. 
Las que nos unen y -a su vez- alejan, 
nos separan de otros y a ellos nos atan. 

 Rompamos las cadenas que nos atrapan 
en un mundo que pequeño nos queda. 
Egoísmos, trampas y cobardías fuera 
que si estamos juntos podremos quitarlas.
María Armas López de Vergara

    

viernes, 3 de enero de 2014

Libertad, libertad

Quiero ser libre. Quiero ser totalmente libre.
Quiero conocerme y apostar por mi persona.

Quiero ser capaz de hacer grandes renuncias, de esas que no se hacen sin valor, de esas que dan vértigo. Quiero ser capaz de renunciar a lo más cómodo o a lo mejor valorado y elegir lo que de verdad me hace feliz. Para poder crecer y hacerme grande, grande en felicidad. Y quiero apreciar lo que elijo.

Quiero ser totalmente libre. Vivir con una libertad creativa, que no se canse de soñar, que no se apague ni se duerma.

Quiero que mi libertad me mueva a ir donde el corazón late mejor, hacer lo que me susurre. 
Quiero aprender a mirar y escuchar, quiero aprender a aprender.
Quiero disfrutar de lo que tengo, del lugar en el que estoy, de las personas con quien me encuentro cada día. 
Quiero la alegría de la libertad y la libertad de la alegría.

Quiero ser totalmente libre y compartir libremente la libertad.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Atraparé la Luna

A todos los que de alguna manera forman parte de mi vida.  
A todos los que han dejado una huella, profunda o inapreciable, al cruzarse nuestra historia o compartir mi camino. Gracias por enseñarme tanto.












Atraparé la Luna, descubriré el mundo 
y todo cuanto existe a tu lado. 

Abriré los ojos, me sentaré contigo 

para que me enseñes, despacio, 

el tesoro de la vida, lo bueno y lo malo. 

Saludaré a cada estrella que ilumine 

desde el firmamento cada paso, 

que de luz a la temida oscuridad, 

 acompañe a la incomprendida soledad. 

Atraparé los sueños que cultivemos 

en el camino de la esperanza 

cuando un día, de repente, echen a volar. 

Los cuidaré con tu cariño 

para que nos lleven, cuando crezcan, 

a disfrutar de los nuevos mares, 

a sumergirnos en otras profundidades. 

Atraparé tus luchas, de joven y niño, 

tus muertes y vejez, tu enfermedad, 

porque en cada uno de mis fracasos 

nunca me ha faltado una mano 

que me ayuda a seguir y levantar.

Quiero que sepas que es verdad, 

 que merece la pena confiar. 

Atraparé las palabras, cada canto 

que suene en mi caminar. 

Cada abrazo, cada encuentro, 

la experiencia, los abrazos, 

la distancia y el momento 

en el que después de tanta 

espera, al fin te pueda tocar.

Atraparé con atención y cuidado, 

todas las huellas me que dejas 

muy profundas o inapreciables, 

ya que cada una de ellas forma 

ahora parte de mi ser y de mi historia. 

Caminaré alegre, agradeciendo 

todo lo que, de alguna manera, me das. 

Atraparé la Luna, descubriré el mundo 

y todo lo que existe a nuestro lado. 

Atraparé la Luna, amaré el mundo,

aún cuando no pueda verte a mi lado.

María Armas López de Vergara




lunes, 9 de diciembre de 2013

Pasajeros entre paradas

Todos los días, entre parada y parada, comparten trayecto. Son abuelos y niños, estudiantes y jóvenes en paro, trabajadores y no tan jóvenes. Unos altos, otros bajos, con barba o sin ella, con gafas, sin gafas, con caras de felicidad o caras de tristeza...

Caras que nunca antes había visto. Caras que nunca más volveré a ver. Uno con cara de sueño apoyado contra el cristal. Una mirada cansada dirigida con ternura hacia un niño. Una mirada que se distrae con el paisaje. Una mirada desesperada al reloj. La mayoría de miradas atrapadas por una pantalla. La mayoría de pantallas son táctiles y de bolsillo. 

Gente fea, gente guapa. Moderna, anticuada.
Sola, acompañada.
Gente... Delante se respiran los nervios del primer día de trabajo. A su lado, agobiantes pensamientos intentando cuadrar los imposibles horarios el día. Detrás, música, fiel compañera. Se baja la alegría por una buena noticia recién dada. Se suben la pereza de ir a clase, la novedad del primer viaje en el tranvía, los problemas de la oficina y uno de los dos enamorados. 
Se empiezan a cerrar las puertas cuando corre hacia fuera un despistado, a saber qué pensaba.

Muchas historias escondidas, otros tantos secretos que caerán en el olvido, demasiados sentimientos, experiencias que no caben en palabras.
Hombres y mujeres que se cruzan todos los días, que comparten el mismo techo durante los minutos de trayecto. Hombres y mujeres tan distintos y sin embargo tan humanos. Todos cargan a sus espaldas valentía, decisiones, personas queridas, proyectos... Todos y cada uno de ellos son un enorme mundo, único, especial... 

Mujeres y hombres que perdieron la oportunidad de mirar a hombres y mujeres que jamás volverán a ver. Hombres y mujeres que jamás serán alegrados con tu sonrisa. Hombres y mujeres que jamás escucharán tu voz dirigida a ellos. Hombres y mujeres que jamás serán tocados instantáneamente por tu vida.

Hombres y mujeres que jamás... ¿O tal vez sí?