viernes, 21 de marzo de 2014

Suave inspiración de musas

En la oscuridad de la noche
te busco como a la Luna,
que ilumina el horizonte
sin saber que alumbra. 
Pronuncio tu nombre
al vacío, con dulzura,
esperando que esas voces
esta vez sean tuyas. 
Ahora soy yo la que esconde
ingenuos miedos y las dudas
que en este silencio oyes
y, aunque las calle, escuchas. 
Te persigo en este bosque,
suave inspiración de musas,
te necesito en el desorden
de esta ausencia tuya. 
Solo tú la verdad conoces
de cada una de mis luchas,
cómo mantenerme a flote
en este mar de envergadura. 
Cuando me rindo al borde
del cansancio y la amargura
te descubro entre las flores
que crecen tras las dunas. 
Con tu paz trazo el roce
de los pasos que susurras,
te encuentro en mis pasiones
que en verdad son solo tuyas.
María Armas López de Vergara 


jueves, 13 de marzo de 2014

La suerte de cada día

Despertarte entre besos. Desayunar rodeados de los sueños de unos, las pesadillas de otros. Algunas mañanas, una carrera para ver quién hace la cama más rápido. Después cada uno a su mundo, a su lucha personal, a su batalla diaria. Timbres, platos llenos, platos vacíos (todo está rico aunque no nos guste), puertas que se abren, gente que sale, gente que entra. Tele (la caja tonta): un rato lo que tú quieras, luego elijo yo. Cierras los ojos, tiempo que vuela. Suenan más timbres, más abrir puertas. Llegas cansado de clase, aguantas el llanto, un buen abrazo sabe cómo consolarte. Me cuentas, te calmas, respiras hondo, ahora te ríes. Juntamos nuestras manos en la cocina. Muchos deportes -cada uno algo distinto-, ahora un rato de estudios. Concentración en medio de ruidos. Interrupciones, no faltan las dudas,¿me ayudas? Cuadrar de nuevo todos los horarios. Seguimos con reuniones, más clases, trabajo... Una locura de día que termina con una cena que intenta ser creativa. No falta nunca el buen humor, alguna curiosidad, que te enseñen una nueva canción... Nunca faltan anécdotas divertidas, tan caseras y tan sencillas. Buenas noches, un beso (seis besos). A veces surge algún cuento. A veces se cumple la tentadora pregunta: ¿me acurrucas? Claro que sí, compañero de aventuras. Paz, Silencio. Cierro los ojos esperando que mañana me despierten abrazos de siete años.

Catorce manos juntas construyen mucho. Catorce pies llegan muy lejos, aunque unos tengan que tirar de otros. Siete corazones a veces laten como uno. Es la suerte que tengo cada día. Gracias Familia.




domingo, 9 de marzo de 2014

Ruedas

Existen los necesitados de vida.
Son quienes te piden fuego o un cigarrillo con la profunda esperanza de llegar a rozar una conversación.
Detrás de su interés por saber la hora necesitan tener la certeza de que todavía existen, que -aunque la sociedad les quiera callar- aún tienen voz. Más allá de su preocupación por la hora del partido de fútbol, se esconde la impotencia de quien se siente invisible. 
La mayoría pasan desapercibidos, pero se encuentran entre toda la gente que ves cada día.
Otros, por ejemplo, viven enjaulados con los que como ellos comparten una gran experiencia de la vida, cargando todo lo que conlleva tener esas sabias arrugas...


Mirar  desde la ventana, 
cómo se pasa la vida, 

mirar desde una silla 

sin poder mover las piernas. 


Mirar desde la ventana, 

y recordar con melancolía 

la esperanza envejecida 

de la joven flor del pasado. 


Mirar desde la ventana, 

los  colores que animan 

y olores que contagian 

la alegría por la acera. 


Mirar desde la ventana, 

observar la rutina diaria 

de los que  caminan 

libremente sin silla de ruedas.  
Hace algún tiempo... 
A ellos







sábado, 1 de marzo de 2014

Ligera de equipaje

Cuando estaba arrancando la segunda hoja del calendario, se detuvo. Cogió una maleta y metió todo lo que pensaba imprescindible y que, sin embargo, no le había aportado nada este año aún creciente. Entonces, cuando la llenó por completo, subió al monte y una vez sumergida en la espesa nube que atrapaban con decisión las ramas de los árboles, la dejó en el suelo. Y al compás de acordes que se congelaban en el aire fue sacando todo aquello que hacía que la maleta pesara tanto. Lo liberó todo, no quiso volver a atrapar alguna idea salvaje que le impedía ser ella misma. No quiso quedarse con esas excusas a las que tanto cariño tenía. Tampoco se olvidó de limpiar esas viejas telarañas que atrapaban su tiempo.
Cuando la hubo vaciado por completo, volvió a casa abandonando todo aquello junto con los días de febrero que jamás vendrían. Ya podía empezar otro mes sin pesos agobiantes, solo con lo que realmente la hacía feliz.



lunes, 24 de febrero de 2014

El grito

Un grito rompió el silencio. 
Ruidoso, aunque nadie más lo pudo escuchar.
Rasgó el espacio con miedos escondidos, explotó con dudas que hasta ahora habían pasado desapercibidas. 

Gritó de incomprensión entre tantos consejos vacíos.
Gritó de soledad entre tanta gente a su alrededor.
Gritó de desesperación sin encontrar una buena noticia que diera una luz optimista.
Gritó en silencio, respondiendo a las inquietudes que se removían por dentro. Gritó para encontrarse consigo mismo. Gritó para poder respirar, como ocurrió el día de su nacimiento.

Despertó un grito que le enseñó a escuchar otros tantos gritos silenciosos.



miércoles, 12 de febrero de 2014

Como peces en el agua

La bocanada de aire con sabor a cloro me devolvió a la realidad. Entré en el recinto, me dirigí automáticamente a las gradas y me senté a esperar. Así, con esa facilidad, me convertí en una espectadora más en el lugar donde se forjan, brazada a brazada, todos estos luchadores que después de minutos y horas de entrenamiento, se mezclan desapercibidos entre la marea de gente que inunda las tardes de la ciudad. Pero esta vez, en lugar de fijarme en la piscina central -como de costumbre-, mi atención se dirigió a la pequeña de al lado.

Lejos del gran jaleo de la grande, esta transmitía paz. La tranquilidad de los bebés flotando en brazos de sus madres resultaba contagiosa. Ninguno parecía tener siquiera un año. Estaban como peces en el agua. Felices, disfrutando de ser hijos. Ellas (porque no había ningún hombre) disfrutando tiernamente su ser madres. Los lanzaban al aire y se dejaban lanzar. Los movían y sonreían ante el contacto con el agua. Me abrumó la confianza sin ninguna clase de temor que transmitían en su suave juego.  Una confianza que con los años se va llenando de dudas, decepciones e inseguridades. Con los mismos años en los que en ocasiones se nos olvida gozar de lo que somos: hijos, hermanos, compañeros...

Esperando, esperando quise dejar de ser espectadora (y dejar de mirar tantas cosas desde lejos) para ser como uno de estos pequeños y felices protagonistas que parecían sentirse en casa entre esos brazos delicados, seguros y atentos que los llevaban. 



jueves, 6 de febrero de 2014

Más de 70

Una sola cerilla bastó para encender todos sus años de vida. Con un solo soplo inauguró un nuevo deseo... Con un solo soplo y la ayuda de todas las boquitas que rodeaban la mesa. Esta vez no hubo fiesta sorpresa, ni grandes invitados y, por supuesto, nada de chaqueta y corbata. Todo eso fue sustituido por una merienda en casa, la excusa perfecta para reunir a los que mejor lo conocían. Un plan ideal de acuerdo a lo que más le apetecía: celebrar algo tan natural desde lo sencillo y cotidiano.

Cuando la marea de gente fue disminuyendo, se acercó a él. Antes de despedirse le lanzó una pregunta: ¿qué es lo que más te ha gustado de todos estos años? (las velas de la tarta eran más de 70). La formuló esperando quizás alguna anécdota de sus numerosos viajes por los lugares más variados del mundo. Puede que aquella aventura que vivió en medio del océano. O mejor, cuando una de las empresas empezó a prosperar. O aquella vez que conoció a su cantante favorito. También se acordó de cuando aprobó la oposición que tanto le había costado. O probablemente cuando pidió la mano de su mujer.

Sin embargo, no encontró ni boda ni aprobados ni éxitos profesionales ni ninguno de sus espectaculares viajes. La única respuesta que obtuvo fue un "Tú" -rotundo, inesperado y desconcertante- pronunciado instantáneamente, con una seguridad de la que nadie podría dudar. Una sonrisa y de nuevo otra afirmación "Nuestra familia, eso es lo mejor que me ha pasado, lo que más me gusta de mi vida". Y unos ojos serenos con una medida de orgullo, dos de agradecimiento y tres de felicidad. Nada más que eso fue lo que hizo falta para dejarle pensativo durante el camino de vuelta a casa.